
En medio del dolor por el incendio que redujo a cenizas la histórica estación de Juan Bautista Alberdi, hay una imagen que conmueve profundamente a la comunidad creyente.
Entre paredes calcinadas, techos derrumbados y objetos consumidos por el fuego, la imagen de la Virgen permaneció intacta.
Donde todo fue devastación, ella quedó de pie.
Para muchos podrá ser una coincidencia. Para otros, una señal. Pero para quienes caminan su vida desde la fe, no deja de ser un gesto que toca el corazón.

En un edificio donde funcionaba una escuela, donde niños aprendían arte y música, donde tantas historias compartieron ese espacio, el fuego avanzó con fuerza implacable. Instrumentos, aulas, recuerdos… todo quedó reducido a escombros. Sin embargo, la imagen de María no fue alcanzada por las llamas.
En momentos de angustia colectiva, cuando la tristeza invade a un pueblo entero, los creyentes encuentran consuelo en estos pequeños grandes símbolos. La Virgen que permanece. La Madre que acompaña. La presencia que, aun entre el humo y la destrucción, parece susurrar que no todo está perdido.
No hubo víctimas. Nadie resultó herido. Y quizás en esa imagen que quedó intacta muchos encuentren un mensaje de protección y esperanza.
La fe no reconstruye paredes, pero sí sostiene corazones. Y en Alberdi, entre las cenizas, hoy hay también un motivo para volver a creer.




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